Charradicas
Miguel Ángel Royo Sorribas

 

Los vecinos de la calle Santa Lucía limpiando todos juntos la nieve de su calle.

La nevada del siete al ocho de enero de dos mil diez será recordada por todos nosotros durante muchos años, aunque según el calendario zaragozano, según las calandrias y según varios ganaderos profesionales que son meteorólogos aficionados, pronto caerá otra parecida. La nieve ha permanecido en algunas umbrías hasta febrero porque las montoneras de nieve eran insólitas en nuestra zona y los ventisqueros exagerados. Todo el mundo tuvo una historieta para contar o una moradura por patinazo, culazo o tozolón. Que si atascadas gordas con el coche o recuerdos fotográficos acojonantes, días incomunicados en casa, hielo hasta las orejas, quejas porque a mí no me limpiaron la calle, otros que solamente pudieron ir a la granja con el tractor, momentos duros como el que pasó Javier en la fuente del Salz, o Antojo que aprovechó para hacer esquí de fondo por la carretera de Alcorisa, que estuvo sin tránsito rodado durante varios días, porque la quitanieves la dejó sin limpiar hasta el final. Había que remontarse más de cuarenta años para encontrar cosa igual; ya no nieva como nevaba antes, cuando se helaron los impeltes en 1956 o cuando la terrible batalla de Teruel. En La Ginebrosa recuerdan una nevada parecida en los años cuarenta, que pilló a los músicos de Calanda que habían ido a tocar para las fiestas de sanantón. Se quedaron incomunicados durante quince días. Todas las noches había verbena en pago de la comida y de la hospitalidad.

Javier Sales con su burrica.

FOTO: Jesús Cortés Serrano

Sanantón ha bendecido un año más a la burrica del Sales; este hombre es incombustible, como un hechicero, druida, chamán o maestro oriental, y sorprende a todos especialistas médicos con su fortaleza frente a la adversidad. En la subasta el Curro y la Cristobalina de la vega volvieron a hacer las pujas más disputadas. Destacar la solidaridad de la cooperativa, que donó toda la recaudación a una ONG de bomberos por Haití.

Si nuestra mujer más mediática ya consiguió que la estación espacial rusa llevara su apellido, lo del coche con nombre de nuestra provincia parece mucho más sencillo.

Se agradecen los cambios en la megafonía escolar y siguen acudiendo a este medio gente que desea manifestar algo, como la mujer del Olegario, que me cuenta en la fila del pan bendito que el andamio de al lado de su casa lleva ya puesto desde mayo pasado, total para obrar dos balcones que no se acaban nunca de colocar. Gloria Calpe, concejal de la oposición, ha intentado por varias vías que se recojan los restos del botellón que hicieron los quintos el pasado diciembre al lado del monolito de debajo de la residencia, y como todavía no le ha hecho caso nadie, se ha puesto en contacto con este departamento, que hace funciones de defensor del pueblo y de correa de transmisión de comunicación municipal.

A destacar el equipazo que tenemos en el fútbol-sala este año, con una afición entregada que disfruta los sábados por la tarde en el polideportivo pasando más frío que en el palacio de hielo de Jaca. Brasericos en los graderíos ya.

Nacer la gente va naciendo, pero como no frecuento mucho las maternidades me entero cuando los chicos ya corren por ahí. Doña Mercedes Gareta y don Paco Serrano, nuestros ex alcaldes y ex maestros, son abuelos desde hace unos meses, y yo sin certificarlo aquí.