Después de nacer y vivir 26 años en el Mas y viniendo muy «a soven», como se dice aquí, estas vacaciones he hecho cosas y he descubierto algún lugar que no conocía, y no es que sea nada extraordinario, simplemente ha sido algo nuevo para mí.
Para empezar, este año me ha dado por dar paseos largos caminando y entre otros itinerarios que he realizado, está el de Aguaviva-Mas-Aguaviva (de niña con las amigas ya solíamos hacerlo). Es curioso cómo habiendo los mismos kilómetros que entonces, ahora la gente se queda parada y te dicen:
- ¿Andando has venido?
Como si hubiera hecho la mayor proeza del mundo (debe de ser que no me ven traza de atleta). Otra ruta aconsejada por Ana Mari fue Aguaviva-Masada del Juaco-Aguaviva; el paisaje muy bonito, con alguna perdiz divisada y todo, pero se ve que no llevaba el calzado adecuado y llegué con los pies molidos, así que prefiero la carretera para rebajar las merendolas que nos metemos de tanto en tanto, si no, pronto estaremos gordos como “chetes” (ésta es otra palabra de aquí que le hace gracia a la gente cuando la dices, pero no sé el significado).
Y ahora viene el lugar que no conocía y posiblemente os reiréis: ¡la fuente con grifo de agua de la Zarollera! Sí, esa que está por un camino en dirección a Alcorisa, en frente de unas granjas a la sombra de un pinar; vamos, ¡más cerca que el “Molinico”! Y esta fuente la tenía más que visitada. Los de mi peña se cachondeaban cuando me enseñaron cómo ir, y después, otro día, acompañada por Consuelo, fui a llenar mi primera garrafa de agua. Yo siempre he pensado que en el Mas se bebía agua de la zarollera y punto, que salía por el grifo de casa. Ya me han explicado que en el depósito hay una parte, pero que no es suficiente, sobre todo en verano, y se ha de coger de la acequia. Después ya fui a buscar agua a la fuente todas las vacaciones, y voy a contar un par de anécdotas que me sucedieron.

Un día había un coche con dos señores de cierta edad llenando unas cuantas garrafas, y al llegar a la fuente (yo no me acerqué), estos señores le preguntaron a Evaristo:
- ¿Es usted de aquí?
Él contestó que sí, pero no les preguntó de dónde eran ellos, ni tuvieron la gentileza de decírselo; por la placa del concesionario supimos que el coche, al menos, era de Alcorisa. Esto me chocó. ¿Cómo pueden venir de otro pueblo y con tanta propiedad si yo no sabía ni que estaba? Pero más chocante fue al cabo de unos días: cuando llegamos a la alameda había una furgoneta y tres personas llenando garrafas. En el suelo había como cuatro o cinco cajas de fruta llenas de garrafas de cinco y ocho litros. Miré dentro de la furgoneta y llevaban llenas ya más del doble de las que había fuera, no quiero echarla gorda, pero 250 litros o 300, calculamos que los llevaban. Muy amablemente nos dejaron pasar y yo, irónica, les dije:
- ¡Que van a secar la fuente!
A lo que me contestaron que no se secaba, pero es que llevaban agua para tres casas y venían de lejos, y tenían que aprovechar el viaje. Seguí mordiendo:
- ¿Qué no hay agua en su pueblo?
- Si que hay, -me dijeron- y muy buena. Pero ahora en verano y tal... y que a ver si el Ayuntamiento limpiaba el barro de los depósitos...
Entonces me preguntaron:
- ¿Qué usted es de aquí?
Y contesté que sí. Ellos dijeron:
- Nosotros no, pero somos de un pueblo de aquí al “lao” ¿eh?
Tampoco dijeron el nombre del pueblo, y encima se debían de pensar que éramos analfabetos, porque en la puerta de la furgoneta color azul ponía: “Miguel Celma-Calanda”. Con teléfono y todo. Yo no entiendo mucho de esto, pero si me dicen que no es suficiente con el agua de la Zarollera para el pueblo, y encima los de los pueblos vecinos, que son más ricos y poderosos se nos la llevan, ya es como el Trasvase del Ebro: quitar el agua a los pobres para dársela a los ricos. En fin, no me quiero acalorar, pero al menos podían cambiarla por algo de lo que ellos tienen abundante, ¿o no?.
También me acerqué algún rato a las carrozas de las Majas, y la verdad, en este terreno sí que estoy desfasada. ¡Atrás quedaron el plato de las farinetas y el papel de cucurucho! El trabajar con el papel de Morella me parece una faena de un valor incalculable, sin desmerecer la creatividad de los diseñadores y directores de las obras. ¡Por eso entre semana no sale ni Dios! Todo el pueblo trabajando para que cuando llegue el viernes, las carrozas puedan lucir en todo su esplendor, y si ha de cambiar el tiempo, pues que lo haga al final de las fiestas.
