JUNIO
Antonio Serrano Ferrer

Este año me he salvado, pero los anteriores me cortaban el pelo al cero. Decían que así vería mejor las cerezas y que el nuevo me saldría mucho más bonito. No me lo creía pero consentía la tomadura de pelo. Porque también contaban que si se te mojaba con el agua de la lluvia se formaban caracolillos. Muchas veces me había ocurrido y sin embargo tenía el pelo liso y de pezolaga. Ahora, los domingos iba de lo más guapo con el arriba España.

Los trigos están amarillos y la siega ocupa a todos los agricultores. Los fajos se van amontonando en la era de la trilladora. Es el momento ideal para probar la puntería con las hondas. Hace falta ser un especialista para acertar a un animalito tan pequeño con un arma tan primitiva. El día de la trilla tiene un encanto especial. Es saber que ya no existe el peligro a una mala tormenta y la seguridad que no faltará el pan ese año. Al niño le encanta observar la trilladora. Lentamente va devorando la mies, arrojando a lo lejos la paja que va formando un montón uniforme. En el ambiente se junta el olor del carburante con el del cereal triturado. El polvo llena el aire, mientras las piezas de la máquina giran o balancean. Todo se mueve y parece que en cualquier momento se parará de puro cansancio.

En una caja de cartón han crecido los gusanos de seda. Es maravilloso ver confeccionar el capel. Lenta pero incesantemente van juntando hilos hasta formar una bolita suave al tacto y amarilla como el sol al atardecer. Te dicen que hace años fue importante en el pueblo la producción de seda y que era además de muy buena calidad. Para ti tan sólo es una ilusión de todos los años por ver la maravilla de cómo forman los capeles.